Cerrar los párpados. Por el yo invisible frente al Big Data. Pablo Martínez Garrido.

Cerrar los párpados. Por el yo invisible frente al Big Data.

 

Hace dos semanas fue aprobada por el Senado una reforma de la Ley Oficial de Protección de Datos[1], la cual fue solicitada sin la oposición de un solo partido en el Congreso. Impulsada por el PSOE, la propuesta de ley pretendía garantizar ciertos derechos a la privacidad en Internet. Bajo esta premisa la propuesta fue llevada al Senado sin gran dificultad, apoyada en principio por todos los grupos políticos. No obstante, la ley sufrió unos cambios de última hora a la que pocos prestaron la mínima atención. Ya es tarde.

¿Qué es lo que hay que temer? La recién implementada ley permitirá a los partidos políticos hacer spam electoral en base a los perfiles ideológicos de cada individuo. Una práctica hasta ahora ilegal en base a los derechos digitales y que aún sigue siendo –en teoría- prohibida a las compañías, carecerá de trabas legales para cualquier partido político en España. Pese a las 32 enmiendas presentadas en el Senado ante la aprobación de la ley, ninguna hacía referencia al artículo sobre la explotación electoral de datos personales, tal y como puede verse en la web del Senado. El artículo en cuestión señala:

«Artículo 58 bis. Utilización de medios tecnológicos y datos personales en las actividades electorales.


  1. La recopilación de datos personales relativos a las opiniones políticas de las personas que lleven a cabo los partidos políticos en el marco de sus actividades electorales se encontrará amparada en el interés público únicamente cuando se ofrezcan garantías adecuadas.
    2. Los partidos políticos, coaliciones y agrupaciones electorales podrán utilizar datos personales obtenidos en páginas web y otras fuentes de acceso público para la realización de actividades políticas durante el periodo electoral.
    3. El envío de propaganda electoral por medios electrónicos o sistemas de mensajería y la contratación de propaganda electoral en redes sociales o medios equivalentes no tendrá(n) la consideración de actividad o comunicación comercial.
    4. Las actividades divulgativas anteriormente referidas identificarán de modo destacado su naturaleza electoral.
    5. Se facilitará al destinatario un modo sencillo y gratuito de ejercicio del derecho de oposición.»

Según explica el abogado José García Herrero[2] en su blog, la nueva LOPD ofrece soporte legal para recopilar datos personales relativos a las opiniones políticas de las personas amparándose en el interés público; utilizar datos personales obtenidos en páginas web y otras fuentes de acceso público durante el período electoral; y eliminar trabas relacionadas con el envío de comunicaciones comerciales (régimen bajo el que antes se hospedaba la propaganda electoral). Los partidos podrán tomar nota de nuestras direcciones de e-mail, teléfono e incluso domicilio. Toda información desglosada en algún perfil personal, podría ser utilizada para construir la base de datos y contactar con cada uno.

Pero quizás el aspecto más terrorífico sea la capacidad que tendrán los partidos para indexar las opiniones políticas, de reunir millones de perfiles según ideología, de trabajar las campañas a partir del Big Data, de tener la información, de tener el control y por supuesto de aglutinar el poder. ¿Quién garantiza paz cuando la extrema derecha tenga en sus manos la lista de opositores anónimos[3]?

Parece capricho del destino, pues la semana pasada se celebraron en la Residencia de Estudiantes de Madrid las XXVI Conferencias Aranguren de Filosofía con el tema ¿Fin de la intimidad?[4] Que pudo hacer pensar en las claves a quienes la noticia les siguiera rondando. En esta edición los ponentes han sido Javier Echeverría y Remedios Zafra. Si bien se llegaron a tratar temas muy interesantes acerca de nuestro lugar en la sociedad red —dejaré para otro texto la propuesta de Echeverría sobre la omnipresencia de un hipotético tecnogenio maligno[5], una de esas especulaciones alphavillanas que tanto adoro—; fue la ponencia de Zafra la que mejor nos pudo ubicar en el dilema de la construcción política de un yo en la red. De modo que este artículo es una reflexión sobre la noticia a través del imaginario de la autora en su conferencia, cuyo título es La (im)posibilidad de un mundo sin párpados.

Para tomar posición ante la terrorífica noticia sobre las próximas elecciones, es necesario asumir que la intimidad es una esfera con mayor complejidad de lo que aparenta. Para hablar de ello tomaré el siguiente diagrama:

Esta imagen representa la disposición de los ámbitos de la vida que propone Zafra. Si bien para ella no existe per se una esfera privada, permanece supeditada a la esfera pública de la cual no llega a separarse del todo. La pública, siendo una parte externa a nosotros (desde un solo individuo no se genera esta esfera), penetra directamente en nuestra forma de ser y nos moldea para ubicarnos en sociedad y actuamos hacia el afuera. Si contamos con Internet, que atraviesa todos los aspectos de nuestra vida, la esfera privada se disuelve. No es fácil distinguir el límite de lo público y lo privado porque la sociedad red nos saca hacia afuera. Si hace décadas, cuando las calles se llenaban por doquier de cámaras CCTV era temido ese fin de la intimidad, hoy la mirada ha dejado de temerse. Hoy nos aterroriza dejar de ser visibles. No aparecer en redes sociales, no mostrar lo que se hace, equivale a la desaparición.

Sin duda, la visibilidad es hoy el aspecto más importante de nuestras vidas y de nuestras carreras. El hacerse a sí mismo depende en mayor medida de la inserción de nuestra esfera privada en la esfera pública. No nos vemos desde dentro, siempre desde fuera. Con cada Me gusta generamos un imaginario ideológico que por supuesto —y no es nada nuevo— es registrado, monitorizado y monetizado. Por tanto, la limitación que impide que un partido político monitoree nuestra capacidad de juicio queda en un mero aspecto ético, fácilmente desestimable. Al estar cada persona indexada y clasificada, sólo hace falta la clave para acceder a su archivo.

De este modo, el individuo se ha convertido en información, en objeto. Con el Big Data, cada persona es reconocida en base a una taxonomía que nunca será objetiva del todo. Zafra remarca lo que en mi opinión es el quid de la cuestión: “se asienta un sujeto pasivo, desglosado en datos, desplegado en categorías, cuantificado y operacionalizado, al que se le anima a intervenir en opciones previamente categorizadas”[6]. Es decir, esa posproducción del yo en el campo visual de lo público, esa máscara-perfil de Facebook, fuerza al sujeto a ubicarse en categorías preestablecidas, cerradas. El yo deviene en datos, el lenguaje binario en el que nos escribimos sirve de alegoría. Amo Big Data, oráculo universal, ¿quiénes están a favor de mis teorías y quienes en contra? ¿Dónde están mis enemigos? ¿Quién está dentro del porcentaje?

La construcción del sujeto está basada en la estadística, pero naturalmente no define del todo. Construir el yo a partir de su exhibición lo deshumaniza. Y cuando el yo pasa a ser mercancía, ¿qué queda del individuo que le sea propio? ¿Qué queda que le haga imprescindible?

Aquí, Zafra nos propone un cambio de perspectiva: existe una parte nuestra que no se puede mercantilizar. La esfera íntima, si bien Zafra la distingue claramente de las otras dos, no es abarcable por la lógica de computación. ¿Qué pasa con lo que no puede ser simplicado en números? El tiempo propio y la desconexión, aquello que es inefable, es lo que nos libera de la imposición de la visibilidad. Si la mirada nos construye hacia afuera, los párpados son necesarios para construirnos hacia dentro. A veces, es necesario dejar de mirar para ver.

Ahora bien, quedan planteadas dos dimensiones que en conjunto construyen al individuo. Una dimensión ha sido convertida en objeto, es programable y abarcable dentro de una lógica de mercado. De su explotación depende nuestro progreso en la sociedad-red, bien entendida a través de la concepción neoliberal de la persona como marca. La otra dimensión no es abarcable, y forma parte de lo que no se puede expresar y, por lo tanto, no puede registrarse. Tiene que ver con lo biográfico, pero desde dentro. Se sitúa en el campo de lo performático, donde reside la ironía y la capacidad del actuar sin activismo. Sin dar respuestas, sino preguntando. Sin compromiso, pues se habla sin creer sinceramente en lo que se dice. Aquello que sólo es entendible desde el arte.

El peligro está, sin duda, en una construcción del sujeto que no tenga en cuenta esta dimensión. Está en crisis nuestra facultad de juicio.


[1] En adelante LOPD.

[2] Citado por eldiario.es, abogado especializado en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD)

[3] En efecto, la palabra está obsoleta en este texto.

[4] http://cchs.csic.es/es/event/xxvi-conferencias-aranguren-filosofia-fin-intimidad

[5] Esta teoría la menciona a raíz de las hipótesis de Yuval Noah Harari en el libro Homo Deus, breve historia del mañana.

[6] Esta cita fue mencionada por Remedios Zafra durante las XXVI Conferencias Aranguren de Filosofía.

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