MAR

 

Cuando yo era chica nos fuimos a vivir a Almería, después de haber vivido un poquito en Nottingham, en Oviedo, en Bermeo y en Barcelona —por los continuos traslados laborales de madre y padre–. Mi madre es de Almería y ella presumía de haber nacido en el Mediterráneo, cantando la canción de Serrat (ese señor al que no dejaron ir a Eurovisión porque quiso cantar en catalán en los años sesenta y al que hoy no dejarían tampoco, a ese concurso que este año se ha celebrado sobre las ruinas de Palestina) para envidia de mi hermana Lola, que nació en Madrid y yo, en Nottingham, las dos tan lejos del mar. Mi madre tenía claro que teníamos que vivir en la playa, cerca del mar, entonces no había paseo marítimo y la ciudad daba la espalda al mar. Nuestro barrio era un barrio de pescadores y otros obreros. Los pescadores vivían muy cerca de nuestra casa, en algunas casitas bajas que teníamos cerca. Jugábamos con sus hijos e hijas. Ellos, todos eran hombres, eran muy morenos y muy delgados, sol y pobreza. Íbamos a sus casas en los cumpleaños y recuerdo bien el cumple de Juanico, su madre, la Colorá vendía pescado en el barrio y la llamaban la Colorá porque gritaba el género que tenía y se le ponía la cara muy roja. Cuando Lola y yo fuimos al cumpleaños de Juanico, su madre, la Colorá, nos enseñó su cama, la de ella y su marido, que tenía música incorporada. La habitación era toda blanca y la cama, blanca,  ocupaba toda la habitación. Del cabecero salían unos botones y unos bafles, todo muy bien integrado. Recuerdo que a Juanico le regalamos una ambulancia que andaba, nada de control remoto, tenía que ir corriendo con ella unida al cable. El hermano mayor de Juanico era yonkie y le daba muchos disgustos a su madre. Unos cuantos del barrio, los que eran un poco mayores que nosotras, fueron yonkies y no tengo idea de cuantos sobrevivieron.

Pasé mi adolescencia escuchando el mar para dormirme y eso no se olvida, se lleva ahí, en el cuerpo y cuando estoy tiempo sin estar cerca lo echo de menos. Ahora vivo en Bilbao, después de estar muchos años en Madrid, y aunque no lo veo siempre, sé que lo tengo muy cerca y eso me tranquiliza.

En Bilbao acaba de acontecer un evento muy importante, LAN Festival Audiovisual Obrero. Una plataforma creativa que busca visibilizar el sentir de la clase obrera, para recordar la memoria histórica colectiva, de lucha y dignidad. El cine comenzó con un montón de obreras saliendo de una fábrica y LAN propone una programación donde la clase obrera sea la protagonista.

El documental Mujeres de la Mar de Marta Solano, presentado en la sección oficial, nos narra la faceta invisibilizada del trabajo de las mujeres en la mar, un mundo de preeminencia masculina.

La relación de las mujeres con el mar se muestra intensa y diversa en el transcurso de la historia. Y siempre ha sido muy escaso el reconocimiento público de su trabajo. Mujeres vestidas con prendas masculinas para ocultar su identidad,  travestidas y piratas, las mujeres han surcado los mares.

Solano hace un hermoso homenaje, a través del testimonio de sus cinco mujeres protagonistas, a todas las mujeres que son pilar fundamental en el desarrollo del trabajo en el Cantábrico: rederas, vendedoras de pescado, sardineras, marineras y mariscadoras. Mujeres que han amado y aman su vida, mujeres libres, mujeres colmadas de dignidad, mujeres que sostienen la vida desde la mar.

 

 

Anna Mezz, 17 Mayo 2019

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