CAMINANDO SOBRE HIERRO

LAN, Festival Audiovisual Obrero, es un festival que inicia su andadura en 2017 buscando la puesta en valor del imaginario del ámbito obrero como parte de la memoria histórica y colectiva del contexto local y fabril del País Vasco.

LAN va más allá del formato habitual del festival, aunando producción audiovisual y artística y varias actividades complementarias relacionadas con esta temática, que hacen que este crezca con cada nueva edición.

Además de las proyecciones, este evento cuenta con actividades paralelas que tienen lugar durante todo el año, como las colaboraciones con artistas plásticos, estudiantes de arte, centros educativos y de producción, la realización de conferencias e incluso rutas que se alejan del entorno urbano para adentrarse en lo rural.

Entre las múltiples propuestas artísticas llevadas a cabo en colaboración con LAN, tenemos el trabajo titulado “Glosario Audiovisual Obrero” (2017), realizado por los artistas Igor Rezola, Juan Pablo Orduñez (Mawatres) y Arantza Lauzirika, con el objetivo de recuperar y conservar la terminología del ámbito obrero en desuso o ya extinta.

Entre otras iniciativas dentro del campo educativo, es interesante destacar la participación de los estudiantes de Bellas Artes de la UPV/EHU durante la presente edición:

Esta colaboración se basa en el apoyo a producciones artísticas contemporáneas en consonancia con la temática del festival. Desde LAN, se propone a los estudiantes del  Máster en Arte Contemporáneo Tecnológico y Performativo realizar una serie de proyectos personales en torno al imaginario obrero, partiendo de materiales de archivo ya existentes.  Se trata de piezas formalizadas mediante lenguajes tecnológicos e instalativos, que se presentarán en la exposición colectiva “Tras la marcha de hierro” que tendrá lugar en la sala Etxepare del Bizkaia Aretoa entre el 13 y el 17 de mayo, coincidiendo con el programa de proyecciones. 

El punto de partida escogido para el desarrollo de cada proyecto se encuentra en la reinterpretación y reedición del material generado en torno a la “Marcha de Hierro”; un recorrido desde Bilbao hasta Madrid que realizaron los trabajadores de Altos Hornos de Vizcaya (AHV) en octubre de 1992, para protestar por el plan de reconversión industrial que afectaba a unos 10.000 trabajadores. El objetivo de los proyectos artísticos elaborados por el grupo de estudiantes es el de revisar y reinterpretar el contexto en el que se enclavaba aquella marcha.

Una de las actividades organizadas por este mismo grupo fue la “Marcha de Titanio”: un recorrido por la margen izquierda de la ría de Bilbao. El inicio de la caminata tiene lugar junto a los diques y la grada de botaduras que perteneció a los Astilleros Euskalduna y que ahora se encuentran en la explanada del museo Marítimo. La ruta discurre junto a la ría, hasta desembocar junto al Alto Horno nº1 de Sestao; el humo se ha dispersado y ha dejado paso al titanio, señalando el material de uno de los emblemas de la transformación de la ría y del paso de la acumulación material a la acumulación simbólica: el museo Guggenheim de Bilbao.

En cuanto a los proyectos de la exposición, Marta Valverde se inscribe en esta misma heterocronía: a través del vídeo, Marta recoge una entrevista íntima en la que retrata a su padre como un trabajador de una fábrica de piezas para motores de coche. En esta conversación entre padre e hija, se esbozan dos tipos de producción: uno supeditado a la fábrica, y otro, al arte. Esta semejanza entre el obrero como trabajador asalariado y el artista como trabajador precario, es una de las líneas planteadas en la obra audiovisual “Fabrika(k)” (2018) del artista e investigador Igor Rezola, en torno a la noción del trabajo: en el paso hacia un nuevo modelo de ciudad basado en los servicios, cabe preguntarnos si la cadena de producción no ha traspasado los límites de la fábrica, filtrándose sutilmente en otros ámbitos de la vida cotidiana.

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Marta Valverde (2019). 1 de 80000.

Los primeros kilómetros discurren por Olabeaga. El paseo ha sido recientemente bautizado como Muelle de las Sirgueras, poniendo el foco en la labor desempeñada por ellas durante el pasado industrial y portuario de la Villa: las sirgueras eran aquellas mujeres del siglo XIX encargadas de tirar de las gabarras mediante gruesas cuerdas (llamadas sirgas) para acercarlas al muelle y poder descargar las mercancías.  Del mismo modo, Eveling Miller incide en la perspectiva de la mujer en torno a la minería, mientras los testimonios personales de las mujeres se funden con el sonido de la fragua y el golpe del martillo sobre un pan de hierro que se oxida progresivamente: la propuesta “Un pan de hierro oxidado” (2019) viene motivada por un fragmento de la película “ReMine, el último movimiento obrero” (2014), del autor Marcos M. Merino. Con este proyecto, Eveling hace un homenaje a las mujeres de los mineros que en 2012 organizan una sentada frente a la Diputación de León, pertrechadas con panes y carritos para los niños. A través de estos elementos reivindicaban el sustento necesario y un mejor futuro para sus hijas e hijos. 

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Eveling Miller (2019). Un pan de hierro oxidado.

A nuestro paso, encontramos viejos edificios y pabellones industriales, restos y descampados que alguna vez estuvieron ocupados por grandes estructuras: “Mármol negro” (2019) de Nerea Sciarra aborda la ruina industrial como un monumento extraño y silencioso que parece erigirse al margen de la ciudad nueva.  

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Nerea Sciarra (2019). Mármol negro.

A su vez, Manuel Ruíz retoma estos monumentos atrapados entre una época marcada por la actividad mecánica y la era digital: tanto el viejo Alto Horno como el lento movimiento de los integrantes de la Marcha de Hierro muestran una injerencia recurrente en el transcurso de la imagen: un glitch, una ruina actual.

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Manuel Ruíz (2019). Fundido encadenado.

Y así como el glitch se repite como los patrones de producción de la fábrica, Rocío Agudo vuelve sobre la lógica de la cadena de montaje para aplicarla a una acción cotidiana: caminar, algo, aparentemente absurdo, sin utilidad y que podemos ligar a las actividades que se realizan durante el tiempo libre. Rocío traslada la cadena de producción de la fábrica a la playa, en la que recorre repetidamente un metro de distancia hasta sumar 3,9 kilómetros.  Por su parte, Maria Leonor desplaza el foco hacia la propia vida del trabajador más allá de su función como una pieza más de la fábrica: huye de los movimientos automáticos de la maquinaria industrial, dedicando una mayor atención al paisaje cotidiano que envuelve la vida del obrero.

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Maria Leonor (2019). S/T.

Junto a la ría, un viejo cargadero de mineral ha sido rehabilitado. Actualmente, es posible detenerse a mitad de la marcha y descansar en algunos de los bancos que se han instalado en la parte superior,  al tiempo que se observan las vistas de Barakaldo, Lutxana, Erandio, Sestao y algunos tramos del camino recorrido. Sofía Neves revisita el diario de uno de los manifestantes que participó en la Marcha del hierro, en el cual recopiló información sobre cada una de las 18 etapas que componían la travesía. Como si fuera una cartografía, este material se mezcla con una serie de fotografías aéreas de los lugares por donde transcurrió la marcha de hierro. A su vez, Sofía propone la realización de un fanzine para la puesta en valor de aquello que motivó la propia marcha, un sentido de resistencia y lucha obrera.

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Sofía Neves (2019). Oktubre del 92.

El artista Camilo Torres Zorrilla retoma este mismo ímpetu para insertarlo en un escenario contemporáneo en el que aún se reproducen los viejos patrones de un sistema capitalista cada vez más poroso; “La columna de acero 18/10(2019) es una instalación audiovisual basada en una acción a través de la cual se llama a revisar y actualizar otros modos de organización capaces de cuestionar el orden y los modelos de dominación establecidos.

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Camilo Torres Zorrilla (2019). La columna de acero 18/10.

Al final del camino, volvemos la vista atrás mientras pensamos en el paraje por el que acabamos de pasar: un paisaje en el que la ciudad  postindustrial se erige como su propia fábrica,… no de piezas, sino de nuevas identidades y espacios que amenazan con enterrar los caminos oxidados bajo los renovados adoquines. En este sentido, se hace palpable la necesidad de plantear otros formatos de producción y práctica artística, capaces de rascar la corteza y extraer lo que dejamos debajo.

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