Colectividad expandida

A principios de mayo tuvo lugar en Matadero Madrid el ciclo de pedagogías de la creación en el marco del Festival Internacional de Cine Documental DOCUMENTA MADRID. En éste se invitaron a diferentes profesionales a participar desde su área artística para hablar de una cuestión que lleva orbitando en el sector cultural desde hace años, ¿cómo hacer partícipe a la sociedad de la creación contemporánea?

El modelo que llevamos practicando, quizás desde hace mucho más tiempo del que se mantiene en vigor este debate, es el de la espectacularidad pasiva; entendida como aquello que obran les creadores, presentan, explican, y el público lo acepta o no. A pesar de la actitud y el contenido intelectual crítico que podemos hallar en cualquier trabajo artístico, el proyecto a la hora de exhibirlo se encuentra cerrado o ideado por el artista y a la espera de un espectador que lo reciba.

Por ello, cuando llegó el turno en estas sesiones de reflexión de Publio Pérez y Marta Gonzalo, ambos artistas y profesores de secundario, el auditorio tocó tierra. Todxs somos conscientes de la dañina carencia instalada en el sistema educativo, donde las artes como asignatura apenas se sostienen en los cursos de la ESO. No obstante, mientras éstas continúen aun tambaleándose, existe una pequeña grieta por donde colarse para cambiar el modelo de trasmisión a través de un proceso de producción colectiva, que involucre y haga protagonistas a la comunidad aprendiz.

Como la comunidad aprendiz, también se puede extender a muchos otros colectivos, inclusive aquellxs en riesgo de exclusión social. Una parte de la sociedad a la que se tiende a retratar, pero no a invitar a participar activamente en el proceso. Igual por esta necesidad de darles el espacio en el hacer artístico para que sean éstxs mismxs quienes lo protagonicen, resulta de un reclamo inminente, que ha calado en proyectos como Cine sin autor; una apuesta por democratizar los modelos de producción cinematográficos y la creación enteramente colectiva. Identidad que lleva intrínseca la muerte del autorx creadorx y un formato asambleario como logista para la toma de todas las decisiones durante el proceso creativo, a pesar de la cierta complejidad que esto implica.

cine sin autor

Este colectivo, que empezó en 2009 tras el apoyo del Patio Maravillas de Madrid como espacio donde se les permitió operar, cumplirá en menos de un año su primera década. Con ella recogen una gran variedad de proyectos desempeñados desde/con/para/por barrios, colectivos en desigualdad de género, condiciones sociales y económicas, o inclusive contextos educativos formales, donde la intervención precisamente de este tipo de haceres no formales se mira con recelo. En todos los ámbitos se sostiene impoluta la idea de “que independientemente de los conocimientos de los participantes, no existen las jerarquías, sino el ponerse de acuerdo y democratizar el proceso de producción para generar una película. De la misma manera que intentan romper con el círculo vicioso de que la cultura al final llega a pertenecer por educación y profesión a un grupo reducido de entendidos y activos en la creación, para dar cabida a los que siempre han sido espectadores”.

Con el mismo espíritu surge el proyecto Bordergames Lavapiés, fundado por el colectivo artístico madrileño La Fiambrera Obrera. En este caso se trataba de diseñar un videojuego cuya trama consistiese en superar los obstáculos a los que se enfrenta la inmigración magrebí del barrio en la ciudad. Desde el inicio se plantó un crear colectivo pero con la perspectiva de otorgar la potestad y las decisiones creativas a los implicados, protagonistas de la temática. Para ello se realizaron diferentes workshops en los que con ayuda de profesionales, como guías, los creadores se ponían de acuerdo para escribir los guiones, capturar y seleccionar las imágenes del barrio, y dibujar los storyboards de las diferentes escenas que tendría que superar el jugador del videojuego.

 


Una vez terminadas las versiones, se probaba con el público general en diferentes centros culturales, donde se celebraba a posteriori de la partida un debate con creadores y jugadores. Este proyecto supone al igual que Cine Sin Autor, una manera de abordar la creación con la figura del “artista” o entendidx en el papel de guía y acompañante durante el proceso creativo llevado a cabo en colectivo por diferentes comunidades de los que se cuenta historias pero pocas veces las crean.

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