Live…! werk…! pose…!!! ¡Vive…! ¡lúcete…! ¡posa…!!!

Le había contado ya a todo el mundo que llevaba tiempo viendo una serie de internet llamada POSE (posa), que me tenía enganchado como ninguna otra serie había logrado. Por lo demás, no soy muy aficionado a verlas porque siento perder el tiempo. Con esta ocurrió lo mismo al principio; escéptico, me la pusieron después de una cena con amigas, así que empecé a verla en comunidad, y me gustó.

Hace unas semanas volví a repetirle a una amiga que había visto una serie que me había afectado mucho y le conté la historia, y también le conté que tenía la intención de escribir sobre ella para el TXTlab #99. Escribir sobre la serie me ha problematizado mucho desde el principio porque cada vez le doy más importancia al cómo se escribe. A pesar de que POSE esté muy vinculada a la identidad sexual y de género, así como a lo sociológico; no he querido escribir desde ahí, sobre todo porque no tengo formación suficiente y ciertamente temo embrollarme en conceptos y molestar o herir a alguien. Tampoco contaré la historia.

Escena I. Paris is Burning.
«Es lo más cerca que llegamos a estar del mundo de la fama y el dinero, del estrellato y las luces.» (Paris is Burning)

POSE es una serie estadounidense basada en el documental de Jennie Livingston, Paris is Burning (1990). El documental recoge momentos de la llamada cultura ball en la ciudad de Nueva York en la segunda mitad de los años 80, visibilizando a los sectores sociales de la cultura gay afroamericana y latina, y al colectivo trans; sectores profundamente afectados por factores como la exclusión social, la prostitución, la raza y la pobreza, así como por la crisis del VIH-SIDA.

Paris is Burning está considerado como una de las mejores muestras del fin de la edad dorada de los bailes drag en Nueva York, recogiendo los testimonios de las principales protagonistas de este fenómeno. Quizás uno de los aspectos más interesantes a los que atiende la película es el nacimiento del baile voguing (vogue) donde los participantes adoptan las poses de pasarela reproduciendo una imagen de lo sofisticado y elegante, como si de un posado fotográfico se tratara, adaptándolo al más estricto sentido de la cultura (pop)ular. El artista Malcolm McLaren lleva el fenómeno vogue al gran público con el tema Deep in Vogue que se incluiría finalmente en Paris is Burning. La canción alcanzó el primer puesto en los Billboards Dance Chart de EE. UU. Un año después, Madonna lanzó la canción Vogue, que popularizó el baile hasta entonces underground*.

Paris is Burning tiene una duración de 78ᑊ y puede encontrase fácilmente en internet con subtítulos en español.

*Esta información se ha obtenido en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Paris_is_burning_(película)#cite_note-7

Escena II. Haberes sin domicilio.
«El mundo no cambia solo, lo cambiamos nosotras» (POSE)

«¡Vive…! ¡lúcete…! ¡posa…!» es el gran lema de POSE tras el que empuja todo el imaginario de la cultura drag, para salir a borbotones hacia una vida sin medida, que plante cara a la violencia de la sociedad americana de los 80 y 90. La cultura Trump, también comienza a nacer entonces. Los grandes tiburones blancos de las finanzas y arribistas de todo tipo representan y mantienen un orden social puritano y tremendamente hipócrita. (Como en la actualidad). En el otro extremo, se encuentran los personajes abatidos, conscientemente excesivos y vibrantes; cuya característica principal es la fortaleza vital. El sistema los ha hecho trizas, pues son negras, pobres, maricas y trans.

Es un momento en el que el racismo y la transfobia superan los límites de la orientación sexual y de género. En un bar para gais blancos del centro de Nueva York, Blanca, una transexual negra intenta que le sirvan una copa, tras ser ignorada en varias ocasiones, el camarero gay decide echarla a golpes, pues Blanca no debería haber confundido un antro de ballrooms de los suburbios, con un bar gay blanco de clase media.

Los hombres blancos heterosexuales también cuentan con representación propia en POSE. Grandes hombres de negocios recurren a los servicios de prostitución de mujeres trans. Elektra Abundancia, gran estrella de la serie, es una mujer negra y trans. Es la amante de un gran empresario que la ha elevado a una escala social en la que puede vivir desahogadamente. El hombre de negocios venera el cuerpo de Elektra, todavía con pene, pero ella decide no continuar, pues su pene le impide completar el camino de su transición. A pesar de las advertencias del gran empresario, que había encontrado en ella un escape a sus deseos sexuales que mantenía con un gran coste económico, se opera. Elektra Abundancia rompe el motivo de deseo de su amo y en consecuencia la fuente de ingresos que hacía posible su vida y la de la casa que regentaba. Así que termina desahuciada y durmiendo en la calle.

Como estos hay muchos ejemplos a lo largo de la serie en los que se pone de relieve una violencia atroz contra la comunidad LGTBI especialmente contra negras y pobres, donde el cuerpo es el objeto de deseo y consumo. Por eso, en esta escala, las mujeres trans y negras son el último peldaño, casi monstruos. Desde esta situación de vulnerabilidad, este colectivo se transforma en comunidades. Es el caso del fenómeno de las «casas» compuestas por «madres», mujeres trans, que acogen a otras personas, que como ellas han sufrido exclusión y rechazo en su entorno familiar original. Las madres dirigen las casas con el objetivo de crear un grupo de confort, donde sus «hijos» e «hijas» puedan empezar de nuevo. El sistema de familias les proporciona un lugar simbólico al que poder pertenecer al mismo tiempo que les permite cultivar un estatus dentro de la cultura ball.

La realidad y la ficción son bien distintas, y POSE ha logrado infundir un toque de sofisticación y cuidado de la estética que Paris is burning no contempla. En POSE asistimos a un embellecimiento exquisito de las formas. La principal diferencia entre POSE y Paris is burning viene marcada por la naturaleza de ambos géneros y la distancia del tiempo.

Escena III. Paisajes de lo personal.
«Es como adentrarse en el país de las maravillas. En un ball, te sientes orgulloso de ser gay.» (Paris is burning)pose-03

Podría decir que, primero el documental y luego la serie, han provocado en mí un profundo interés por cómo y qué ocurrió en el Nueva York de finales del siglo XX; pero he recordado algo que decía Marina Garcés sobre lo que nos interesa y lo que nos afecta. Pues bien, lo que ha ocurrido sobrepasa a lo que me interesa simplemente, para pasar al terreno de lo que me afecta personalmente.

Aunque vi el documental hace años, ha sido la serie la que me ha afectado ahora, y me ha hecho revisar de nuevo el documental original. Francamente POSE no tiene nada de especial, excepto un preciosismo de la imagen y de los personajes que me agarra y me acompaña más allá de los 60ᑊ de cada capítulo. Y, efectivamente, pertenece a un género en boga (las series en internet) que arroja una mirada actual sobre un fenómeno de hace 30 años. O sea que, en la serie, por ser serie, está implícita toda una estrategia de adecuación al género en internet y a la época en la que vivimos. Esto me acompaña todo el rato. Lo que veo no es real, pero me absorbe hasta convertirme en un personaje del momento. Y surge en mí cierta envidia y hasta nostalgia del momento sin haberlo vivido (yo nací en diciembre de 1991) así que la serie como producto consigue atraparme. Viéndola pienso: mira, eso pasaba un año antes de que naciera, o en ese año nací yo y al otro lado del mundo ocurría algo parecido a esto… Después de verla, despierta en mí un espíritu de atracción por lo trans que no conocía en mí de esta forma.

En el primer capítulo, un grupo de jóvenes: gais, trans y negros, sin más explicación, entran en lo que podría ser el Museo de Historia de Nueva York a la hora del cierre y se esconden. Una vez cerradas las puertas al público, salen de sus puestos y «toman prestado» capas, trajes, faldas y coronas de la exposición de trajes; rompen el cristal y echan a correr hacia el ballroom. Una vez allí, se visten y realizan el ball cuya temática es «queens» (reinas). Al terminar, y después de haber ganado «la batalla», entra en el local la policía de Nueva York para detenerles. Una negra trans de dos metros de altura, vestida como una gran reina absolutista, se dirige hacia ellos desfilando de nuevo con una sonrisa en la boca, los puños cerrados y las muñecas juntas, lista para ser esposada. Es solo el adelanto de una estética recargada, provocadora, desafiante y tremendamente barroca, en el más puro sentido de la palabra, que intenta deshacer el mundo establecido sin conseguirlo apenas.

Miro a mi alrededor, me encuentro escribiendo en nuestra pirámide puritana por excelencia: Azkuna Zentroa, casi todo se lo ha engullido la institución. Aquí, se sigue examinando con la mirada al inmigrante, al maricón, a la bollera… ¿qué pasa? Este fin de semana me pintaré los ojos y bajaré al 7katu para continuar. Quiero aprender a bailar vogue.

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