¿DE DÓNDE Y DESDE CUÁNDO? RELATOS GEOPOLÍTICOS DE LAS PLANTAS. Rakel Gomez Vazquez

Me atraviesa la primavera y dolores sobre el lugar de pertenencia. 

Un coco cae y rueda hasta la orilla, comienza la posibilidad de otro lugar. Quizá haya sido una semilla de palma lo que despertó la idea de barco. Late en ella el sistema de flotación y también el viaje. Una planta en potencia acecha plegada como un origami. La forma como estrategia para emigrar y encontrar nuevas patrias. 

No es poco, pero puedo ir más allá. 

El génesis, mito fundante, situado en las plantas. Intercesión entre la luz hiriente del sol y el resto. Un sistema que la transforma y posibilita todo lo demás, todo lo que viene después: atmósfera, mamíferos, cultura, arte…

¿A qué lugar pertenecen los pájaros que anidan en un lugar y pasan el resto del año en otro? 
¿De dónde son las golondrinas?

Sésiles, arraigadas, pero desplazándose por el mundo generación tras generación. Invasoras que devienen nativas y diluyen nuestra idea de frontera, origen, procedencia.

Campos de trigo cuentan las semanas antes de amarillear. Han invadido grandes extensiones que antes fueron pequeñas parcelas, bosques, prados. Puntos rojos -de cerca amapolas- luchan contra los pesticidas para hacerse hueco entre. Vinieron juntas, ambas siempre mejorando para quedarse y seguir extendiéndose. Las relaciones de poder entre el hombre y la naturaleza, como si fueran contrarias y no simbióticas.

Las hay que son arrancadas,
maleza,
que nacen y habitan en una grieta,
que vuelan en cada deseo que pido al universo,
que han sido deshojadas en la búsqueda de respuestas, como si fueran un oráculo.
Las hay sin nombre, ni dueño, 
porque aún permanecen en territorios que no hemos tomado.
Las hay lastradas en otro puerto,
testigos de un relato de la historia mundial.
Las hay sobre el quicio de la puerta,
ahuyentando espíritus y malos presagios.

Mientras escribo, el arce platanero que me da sombra se balancea con el viento. Una nube de polen viaja desde este árbol a otro. Busco una palabra que pudiera decir “observar-me” desde ese-otro que es él. No la encuentro, y no sé si se puede. Percibir sigue siendo lo mismo, la evidencia de mi incapacidad de pensarme desde él. El arraigo y otros conceptos engañosos sobre un mundo estático y fijo. La pertenencia a un lugar como derecho de ocupación, una instantánea que se revela sin sentido en esta otra escala temporal que me da sombra.

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