¡Qué idea ésta la de convertir en trabajo una pasión!

¿Y tú qué tal? ¿Sigues dada de alta como autónoma?

No, no. Desde que me di el alta hace dos meses ha sido una pesadilla. Sólo quería hacerlo “lo más correcto posible”: declarar el IRPF de las personas colaboradoras y el IVA de las ventas pero me ha dado tantos problemas “hacerlo bien” que creo que he desarrollado manía persecutoria con Hacienda y la Seguridad Social.

¡Ja! ¡Pobre! Lxs creadorxs jamás imaginamos mundos en los que ganamos…

Así dijo P. Me quedé pensando. Las creadoras jamás imaginamos mundos en los que ganamos. La frase resonaba en mi cabeza. Es curioso porque la labor de lxs artistas y las personas creadoras en general es, sin querer reavivar ideas esencialistas y mitos desfasados, imaginar, crear.

La adecuación de la creación en el sistema económico vigente resulta cuanto menos problemático. Al menos, es esa la amarga sensación que me persigue desde que desempeño una labor vinculada con el arte. La aseveración y queja al mismo tiempo “La gente creadora jamás imagina mundos en los que gana” funciona como un oxímoron: la creación contemporánea ha sido absorbida por un sistema precario y precarizante en el que los y las artistas y agentes culturales hemos sido despojadas del control de nuestra propia producción.

Sin embargo, mientras reflexiono sobre cómo el acelerado ritmo del capitalismo ha sido inoculado en el arte y la cultura, entorpeciendo, entre otros aspectos, la capacidad para crear (valga la redundancia) mundos y modos de hacer diferentes, hay una palabra que creo sobresale por encima de otros conceptos y es “profesionalizar”. Profesionalizar la práctica. Profesionalizarse unx mismx. Durante la última temporada creía estar dando los pasos correctos en lo que a “profesionalizar” mi práctica se refiere, profesionalizarme a mi misma como artista, como investigadora, como agente. Desde entonces, pesan sobre mi todo tipo de dudas, viejas y nuevas, porque el binomio artista-profesional no siempre es una unión bien avenida.

Busco en mi bagaje personal una definición rápida para “profesional”: aquella persona que no sólo es conocedora de un oficio que desempeña con soltura, sino que también percibe una retribución económica por ello. Además, está dada de alta en el régimen correspondiente de la Seguridad Social y a buen seguro mantiene los pagos al día. Si no, siguiendo la puntualización que hace Hito Steyerl (2014) entre “trabajo” (laboral) y “ocupación”, la actividad en cuestión bien podría tacharse de mero hobbie; un quehacer realizado por el simple placer de hacerlo y que no lleva aparejado remuneración alguna. Dice Steyerl:

Si pensamos en el trabajo como labor, ello implica un origen, un productor o productora, y finalmente un resultado. El trabajo se entiende funda­mentalmente como un medio para un fin: un producto, una recompen­sa o un salario. […] Una ocupación es lo opuesto. Mantiene a la gente atareada en lugar de darle trabajo remunerado. […] Una ocupación no necesariamente implica una remuneración, puesto que se considera que el proceso contiene su propia gratificación.

¡Qué idea ésta la de convertir en trabajo una pasión! Como puede suponerse a partir del diálogo que abre esta breve disertación y si nos basamos en la idea clásica de qué es o quién es un/a profesional,  no conseguí “profesionalizar” nada. Es más, retomé la prestación por desempleo: mi ingreso real mientras trabajo en aquello que me apasiona ocho horas bien rebasadas al día. Porque si no lo hago, bueno, sería tirar por la borda toda una trayectoria que me gustaría ver consolidada en un plazo aceptable. En fin, el entusiasmo, como lo llamaría Remedios Zafra (2017).

Esta y otras penas le contaba a mi buen amigo P cuando él exclamó “lxs creadorxs jamás imaginamos mundos en los que ganamos…”. ¡Qué paradoja! Tanta creatividad para ser la mayor explotadora de una misma y estar, a mis 30 años, prácticamente peor que mi madre y mi padre a mi edad. Aunque pudiéramos pensar en el entusiasmo como un torrente de virtudes benévolas y sensaciones positivas, Zafra no duda en señalar la otra cara de la moneda en cuanto a su relación con el trabajo creativo: «La vulnerabilidad del entusiasmo radica en convertir a los entusiastas –subordinados– en agentes partícipes de su propia subordinación. Trabajar gratis y dar las gracias es algo que podemos encontrar en quienes tienen miedo o viven situaciones de desigualdad» (Remedios Zafra, 2018). Puede que este sentir se deba simplemente a un cúmulo de circunstancias cuyo efecto se agudiza ahora en un momento de ánimo bajo (dicen por ahí que existe una depresión post-doctorado). Pero P me había dado una idea, una idea que me entusiasmaba.

Las peripecias e infortunios que menciono vinieron de la mano de la motivación que me producía editar lo que puede considerarme mi primer libro, al margen de variadas incursiones y la presentación de la propia Tesis Doctoral.  Este libro, “Especulaciones sobre/para una producción artística sostenible”, es una publicación colectiva que recoge textos y ensayos visuales de profesionales vinculadas al ámbito del arte y la cultura que reflexionan sobre la (in)sostenibilidad de la creación contemporánea en el País Vasco. Temas como la (in)sostenibilidad de las condiciones en las que producimos artistas y agentes culturales, la precariedad que atraviesa el ámbito, la (in)adecuación de las políticas y modelos de gestión cultural existentes en el contexto, la necesidad de profesionalizar (o no) la actividad vinculada con la creación, etc. son algunas entre otras tantas preocupaciones compartidas por las autoras invitadas a participar. Trabajar en un proyecto que abordaba estos contenidos mientras hacia los trámites pertinentes para gestionar debidamente la subvención que se me concedió para su desarrollo y no morir en el intento, había comenzado a adquirir el tono de una broma pesada.

Pero P me había dado una idea.

Una idea lo suficientemente motivadora como para mantenerme al pie del cañón varios meses más. Con la esperanza de que, a buen seguro, la situación mejorará, tal y como espera incansablemente Sibila, la protagonista de “El entusiasmo”. Aunque, al final, el libro no deja mucho espacio para celebraciones.

NOTAS

Durán Rodríguez, José. «Remedios Zafra: La precariedad en los trabajos creativos funciona como forma de domesticación», El Salto 3 de enero de 2018, https://www.elsaltodiario.com/laboral/entrevista-remedios-zafra-libro-entusiasmo-precariedad-cultura-digital

Steyerl, Hito. Los condenados de la pantalla. Buenos Aires: Caja negra, 2014: 108.

Zafra Alcaraz, Remedios. El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Barcelona: Anagrama, 2017.

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