HAGAMOS UN ALTAR. Rakel Gómez Vázquez

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Aun tengo aquí a San Bukowski, patrono del reviente. En la era del Covid19 hasta los afortunados que atravesamos la vida sin enfermar, ni tener bajas entre los afectos, sentimos algo de desaliento, algo de desubicación y de realidad estallada. Más allá́ de nuestros círculos viciosos, endogámicos y con ministros de cultura pro-naufragio, parece que se extiende y se sucede otra cosa. 

Tenemos referentes -muchos impronunciables para los ajenos- la lectura del mundo, aún con eso, se complejiza. Tal vez por eso termino en búsqueda de nuevas figuras y símbolos a los que aferrarme. Nuevas deidades que no dejan de sostener necesidades que ya creía ya superadas. 

En el 2015, en el medio de otra aflicción de esta era contemporánea, se diseñó un altar en la Elemento Disruptivo; Editorial independiente porteña que tuve el placer de conocer en mi estadía de investigación en Buenos Aires. Su altar se compone de una colección de estampitas y una serie de libros, que se habían editado durante 2016 y habían conseguido publicar en el mes de diciembre. Libros cuya financiación había sido posible por su propia venta y la de la colección de estas estampas que canoniza a escritores, presentándolos con un halo de santidad y patronazgo de una causa

Este artefacto con imágenes de referentes literarios, famosos y no famosos, consagrados, y no consagrados; no deja de ser una imagen del mundo. Los unos y los otros, conocedores de la producción como acto de Fe, me rodean en mi confinamiento. Su canonización funciona como reverberación de estímulo y energía, que en círculos concéntricos, se despega de ellos y atraviesa a escritores y editores, artistas y poetas. Depositario de energía y catalizador de un acto de resistencia, a este altar de estampas y libros se les pide que “sucedan”.  

La producción. Un mecanismo que posibilita objetos que, fuera del mercado del arte, son como saltos al vacío circulando con un sentido fuera de lógicas de consumo. Un ritual colectivo y una manera de trazar ese mapa, misterioso, del hacer plástico/creativo/intelectual como acontecimiento inevitable y de responsabilidad debida. 

El confinamiento me tiene a 400km del estudio y con piezas pendientes. Este estar, que han sido dos meses, sin embargo, no alimenta la queja. Guardar silencio en medio de este estallido para entre otras cosas comenzar a pensar en términos de producir, producción, ¿qué hacemos con toda esa inercia en un contexto donde todo se detiene?.

Comencé por encomendarme a la Fe y convertirla en un acto de sublime resistencia. 

*Desde el 14 de marzo la escritura ha sido un lugar concreto para pensar qué hacemos cuando lo hacemos y también, cuando no lo hacemos. La práctica artística, de alguna manera, ha sido inevitable y en un hacer imbricado ambas han habilitado una forma de pensar “la producción”, durante, post-COVID, pre-NN, NN, y lo que venga. Estas escrituras serán la materia de mis próximas aportaciones de TXT-lab.

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