(Des)patrimonializar el patriarcado: conservación y protección de los cuidados

 Por Sara Valverde

Una al lado de la otra, patrimonializar y patriarcado podrían haber ido siempre de la mano. Ambas comparten la misma raíz etimológica de su primer lexema – patri: del latín pater, padre: ciudadano que ejercía el poder sobre la organización familiar y tenía la potestad de  tomar las decisiones sobre la misma. También vinculado a ser el titular de la riqueza familiar. Los otros dos lexemas procedentes del sufijo latino –monium, vinculado al conjunto de actos y situaciones rituales y jurídicas, y del griego arkhein, mandar, completan el puzzle para esta locución verbal, no reglada, pero destinada a actuar en conjunto.

Empecemos entonces por el análisis de la que produce la acción, patrimonializar, forma verbal del sustantivo patrimonio: entendido en todas sus acepciones, como bienes que pertenecen a aquel, aquella que los posee, con alguna variante en la que se añaden derechos o hacienda heredada. En la materia del patrimonio asociado con lo histórico-artístico, las definiciones tampoco son menos escasas. A lo largo de la historia el propio concepto de patrimonio cultural ha sufrido variables modificaciones en aras de ampliar el concepto desde lo histórico-artístico hasta todo tipo de manifestaciones, legados y bienes materiales e inmateriales cuyos valores representan la cultura de la sociedad, del estado, país.

Ahora bien, para que un bien de interés cultural se convierta en tal, y por ende pase a formar parte del patrimonio estatal protegido, tiene que despertar el atractivo suficiente para  ser objeto de estudio, tras lo cual se analizan sus caracteres y se le atribuyen una serie de valores. Este proceso de enaltecimiento consiste en detectar en qué y por qué sus características naturales contribuyen a los valores culturales, sociales, que reflejan maneras de ser, de estar, de vivir, de convivir.

Por otra parte, en el caso del patriarcado podríamos decir de éste lo mismo pero a la inversa. Como sistema estructural, arraigado, al que el análisis y estudio feminista ha detectado, desglosado, enunciado, denunciado los valores,-discriminatorios-, que desprende en la manera de ser, estar, vivir y convivir. Quizás también se diferencien ambos, patrimonio y patriarcado, en el que uno es atribuido y el otro deconstruido, en que a uno se le suma en positivo y al otro se le desmenuza en negativo. Sin embargo, las similitudes tampoco se alejan tanto, más si éstas se combinasen en la fórmula por su razón de ser: el patriarcado, como representación de una manera de actuar, comportarnos, estar, ser, operar, que además es considerado como parte del sistema heredado que nos identifica y representa como sociedad, cuyos derechos y bienes orquestados por los paters, hombres, haciendo de padres para las demás, son sucedidos de generación a generación.

No son pasos de una danza folclórica, ni técnicas de oficios tradicionales, ni las pautas de un ritual, pero en sí, el patriarcado es todo esto y más. Habiendo cimentado y fundamentado casi todo, por no decir, todos los sectores, la manera de ser del patriarcado penetra en los modus operandi, sean empresariales, de enseñanza, familiares, o de relaciones. Pero aún, entre otras muchas asignaturas pendientes podría ser el análisis de su penetración en la formulación de la precariedad. Precariedad entendida como cualidad del precario o precaria, -dado que suelen ser muchas más en femenino-, de falta de recursos, medios, estabilidad, sin título por intolerancia o inadvertencia del dueño -muchos más en masculino-. Pero en sí, se trata de la falta de cuidados de base, qué es precisamente a su vez lo que sostiene, empuja y lanza al éxito a la élite.

Desde el cuarto propio de Virginia Woolf hasta las frases del 8 M en España, apelando a Manolo a hacerse la cena, los cuidados son precisamente la clave del triunfo para unos y los quehaceres sin salida para otras. Aquellas, cuya vida en general se ha copado del mantenimiento del bienestar del otro tanto en lo básico, funciones vitales, como en el disfrute intelectual, de ocio, social, sosteniendo y generando tiempo libre para los demás. La precariedad precisamente busca los mismos objetivos, sin medios no hay alternativa, sin alternativa, sólo queda resignación de condiciones y sacrificio, lo que no proporciona medios para buscar una alternativa. Pero el patriarcado no sólo actúa como la falta de cuidados en las condiciones laborales en tanto sueldo como tiempo y vida, sino también en la doble cara de maquillar y desdibujar la maquinaria interna, a base de distraer con la quimera y falsa esperanza de la prosperidad inmediata: ganar experiencias en el CV, cumplir objetivos y ganar comisiones, acumular horas extras y validarlas en futuras vacaciones, o en sueldo, o en promoción, o en un contrato indefinido. Y mientras tanto, la violencia continúa.

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