Ser Victoria Ascaso. El cuerpo algorítmico encerrado en la urna. Por Pablo Martínez Garrido.

Imagen: Kaleartean

Al término de nuestras vidas habremos pasado más tiempo frente a la pantalla que frente a las demás personas. Y es que existe una especie de relación biopolítica entre nuestro cuerpo y la pantalla. Una prótesis, si se quiere. Pero esa prótesis no es un simple apoyo o herramienta como podría ser una muleta o un destornillador. La pantalla, que es más bien una interfaz, es la representación de parte de nuestra cognición en esta realidad expandida que habitamos, en esta hiperrealidad. Nuestro subconsciente se encuentra mediado por la habilidad programática de un algoritmo. Esta serie de operaciones matemáticas, que cada vez más va adquiriendo la nomenclatura de ser, es un interlocutor atento. Su capacidad y paciencia para escucharnos le permite llegar a comprendernos y darnos cosas que no pensamos que queremos, pero que en cierto modo nos son útiles.

Aunque en realidad no es tan cierto. La comprensión del mundo por parte de este algoritmo está sin duda sostenida por la lógica de la acumulación, donde más es siempre mejor. Se puede entender (especialmente para aquellas personas que no se dejan abstraer por la lógica), que el pensamiento algorítmico es limitado, que nunca llegará a alcanzar al pensamiento biológico por mucha velocidad que llegue a adquirir. Pero, por otra parte, nos dejamos llevar por sus designios. Identificamos en el algoritmo una suerte de consciencia propia, parte de nosotros, esa voz interior que nos habla. O al menos es así cuando esperamos que Google nos encuentre la respuesta que buscamos.

El algoritmo guarda siempre un registro de nuestras interacciones basado en su manera de entendernos. Este es un hecho interesante, pues lo hace para tratar de adelantarse a nuestros deseos. ¿Podría decirse que nuestro subconsciente se encuentra representado en el listado de vídeos recomendados en Youtube? Si lo pensamos nuestros dispositivos reconstruyen continuamente nuestro ser. Guardan una versión subconsciente de nosotros mismos en forma de recomendaciones, como una exteriorización de nuestro interior en forma de vídeos, de enlaces, de noticias… El cuerpo algorítmico está estrechamente ligado a nuestro cuerpo biológico.

En todo esto es lo que me hace pensar el trabajo de la artista Victoria Ascaso, y más concretamente su último proyecto, al que ella directamente ha nombrado Ser yo. Este trabajo nos habla de cómo su propio yo está tan relacionado a su dispositivo móvil que puede llegar a ser poseída por quien tome el control del aparato.

Un paréntesis. El proyecto Ser yo de Victoria Ascaso está englobado en el festival Kaleartean que se lleva celebrando desde hace cuatro años en Basauri. Durante estas fechas se generan dinámicas de producción y exposición artísticas dentro de varios locales cerrados de la ciudad. La idea, según la organización, es la reactivación de espacios que en el momento carecen de actividad comercial. Aunque lo interesante recae en las posibilidades que las antiguas tiendas, hoy vacías, ofrecen al desarrollo de las diferentes propuestas artísticas. Y, por supuesto, la posibilidad de ofrecer temporalmente un espacio a proyectos que por imposibilidad económica no tienen lugar donde desarrollarse ante el público.

En este contexto ha producido Ascaso Ser yo, que ha construido dentro de un local comercial inactivo para introducirle una atmósfera (podría decirse) mágica. A través de una cortina de plástico se entra en un espacio aséptico pero mediado por la penumbra que la artista ha creado con unas pocas luces de colores tenues, que recuerdan al neón efectista de los ambientes de la película Enter the Void, la cual refleja ese Tokio psicodélico y frenético a caballo entre la cultura cyberpunk y el consumismo desenfrenado. En el espacio de Victoria dos sillones hinchables de plástico transparentes generan a la vez un ambiente de recogimiento donde dejarse llevar por el trance.

Por lo demás, dos elementos destacan en el lugar, que son los que protagonizarán el proyecto. Una pared está coronada por un monitor plano orientado verticalmente. En el centro de la estancia una vitrina guarda bajo una campana de vidrio el teléfono móvil de la artista. El recipiente otorga cierta aura al objeto, que no se entiende como un simple teléfono sino algo más personal. Dentro del recipiente está, de alguna manera, Victoria. El teléfono contiene muchísima información sobre ella, en él está registrada gran parte de su vida reciente. El historial que celosamente velan distintos algoritmos se entiende como una representación, incluso, del subconsciente de Victoria. En su teléfono se encuentra su vida pública y vida privada, toda la gente que se ha cruzado en su vida: su gente necesaria, su gente fiel, su gente familiar, su gente amante, su gente aliada, gente sin nombre, bots, gente que ha olvidado y gente que preferiría haber eliminado, como si eliminar su nombre del registro se asemejara a hacerla desaparecer del mundo que ella percibe.

Victoria presta durante un rato todo su ser, se somete a la indefensión de objetualizar un cuerpo matemático al que, no nos engañemos, dañarlo supone un ataque a toda la red de cuerpos superpuestos que la componen a ella. Para ello, la dinámica de la performance consiste en dejar utilizar su teléfono durante media hora, con todas sus cuentas en redes sociales y contenido, a las personas anónimas que quieran participar en la acción. Cuando participé en esta situación no pude evitar recordar la famosa performance de Marina Abramović de 1974, Rhythm 0. En aquella ocasión, la artista adoptó una actitud pasiva y cedió su cuerpo al público durante seis horas. La intención era que el público asistente, que yo imagino como un público mediamente burgués y elitista habituado al consumo cultural, hiciera cualquier cosa con ella. Para darle más interés a la acción se dispuso una serie de objetos en una mesa donde se alentaba a utilizarlos de la manera que el público creyera más conveniente. Entre los objetos dispuestos en la mesa se encontraba una pistola, balas y látigos. Lo que empezaría con un público que jugueteaba inocentemente con el cuerpo de la artista, llevaría poco a poco al abuso y la extorsión. La sesión llegó a concentrar un ambiente de extremada violencia en el que se llegaría a torturar y amenazar a la artista. Abramović acabó siendo desnudada, perforada con espinas y apuntada con la pistola.

Imagen: Kaleartean

No obstante, Ascaso no cede ese cuerpo a cambio de nada. En la esfera mágica de la estancia, el pacto de posesión debe pagarse a cambio de algo de mayor valor: el propio cuerpo. En el ritual que conlleva la cesión del teléfono se produce un intercambio en el que las personas participantes deben entregar a Victoria su propio móvil, que sustituirá al de ella dentro de la campana de vidrio. La acción supone una garantía, pues todo lo malo que alguien puede hacerle a su móvil (a fines prácticos, robárselo) es impedido por el rol reflejado de la artista, que tiene en sus manos el otro móvil. Sin embargo ella no levantará la urna en ningún momento. El móvil visitante descansará confinado a la espera del término de la acción, y no podrá ser devuelto mientras la otra persona siga utilizando el móvil de la artista. Por mucho que suene. El intercambio, no obstante, garantiza cierta seguridad al prójimo que, alertado ahora de que su posesión no ha sido gratuita, teme que la artista haga con él algo peor que él le hará a ella.

Una vez con el móvil de la artista en las manos pueden hacerse multitud de cosas. Incluso es posible salir del establecimiento con el dispositivo, lo que garantiza cierta privacidad lejos de los ojos de Victoria. Las redes sociales de la artista están abiertas y absolutamente disponibles, de hecho, como han podido comprobar todos sus contactos a lo largo de dos semanas (quienes seguimos a la artista en redes hemos ido viendo cómo sus perfiles enloquecían en publicaciones azarosas, llenas de rostros anónimos y de expresiones sin sentido). Por otra parte, también se pueden realizar compras a través de la cuenta de Amazon de la artista, copiar y borrar contactos telefónicos, llamar a sus padres, acceder libremente a su galería de fotos y muchas cosas más.

Imagen: Pablo M. Garrido

Pero hay algo que quienes reciben un poder deben tener en cuenta, y es algo que la tradición mágica lleva enseñándonos desde hace milenios. El diablo sabe que saldrá ganando cuando otorga poderes sobrenaturales a los mortales que, cegados por las posibilidades, olvidan las partes esenciales del pacto. De la misma manera, Victoria gana algo incluso más valioso: la posibilidad de controlarte. La pantalla que corona el local donde permanece Victoria permite a la artista observar a tiempo real lo qué estás haciendo con su móvil. Dicho de otra manera, está adquiriendo muchísima información sobre ti, y sabrá utilizarla llegado el momento. El dispositivo y las redes sociales de la máscara no dejan de ser una interfaz, una máscara, de tu propio subconsciente. En realidad no estás jugando a ser Victoria, sino actuando a través de las herramientas que ella misma te ha dado y mediante las cuales poseerá registros, hazañas y toda la información que ella pueda obtener de tu actividad. En segundo lugar, la función del monitor, la cual uno mismo llega a conocer antes de participar, actúa como un mecanismo de control, de autocensura. Cuando utilizas su teléfono eres plenamente consciente de que estás siendo vigilado y moderas tu comportamiento.

La moraleja, o por lo menos la conclusión que yo saco de todo esto, es que Victoria Ascaso está tomando el rol del algoritmo. Como tal, cede una interfaz que identificamos como su propio cuerpo, el cual creemos que ha sido creado para que lo manejemos, para que tomemos el control. Pero la realidad subyace. La interfaz en realidad está construida para obtener información del usuario, como moverse sobre una telaraña que vibra con nuestra actividad y que permite a la araña saber nuestra ubicación, nuestro tamaño y la vitalidad que nos queda.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s