EL RELATO A TRAVÉS DEL FRAGMENTO

Hace poco, junto con el fanzine Las Malas Hierbas, comenzábamos una iniciativa basada en la recolección indiscriminada de pegatinas surgidas en el entorno cultural de Bilbao.

“A la hora de presentar cualquier tipo de proyecto, espacio o evento, es muy común la impresión y reparto de pegatinas como medio de promoción. Normalmente las aceptamos de muy buena gana y muchas las pegamos en el portátil, en la nevera u otros lugares insospechados. Otras, en cambio, quedan relegadas al fondo de los cajones o criando polvo en cualquier parte”

El párrafo anterior es el saludo que puede encontrarse en los sencillos cuadernos que editamos recientemente y que recuerdan a aquellos cuadernillos que tan de moda estuvieron en los años 90 para intercambiar pegatinas de distintas temáticas con otros compañeros. De hecho, las hojas que los componen son de acetato blanco, un material que permite pegar y despegar las pegatinas sin dañarlas, para así poder cambiarlas por otras.

El objetivo de este cuadernillo es, sin ir más lejos, disponer de un medio para poder reunir y coleccionar, en un mismo soporte, todas aquellas pegatinas que hemos ido recogiendo y compartiendo con otras personas en distintos eventos:

La primera tentativa fue durante el festival BALA (Bilboko Arte Liburu Azoka) que tuvo lugar en diciembre de 2017. Aprovechando la ocasión para dar a conocer la iniciativa, distintos autores y colectivos se acercaron al stand de Las Malas Hierbas para aportar sus stickers y llevarse otros a cambio. Durante las semanas siguientes se visitaron distintos espacios de la ciudad a fin de recoger el máximo número de pegatinas posibles hasta llevar a cabo una segunda experiencia en la librería ANTI Liburudenda en enero de 2018.

Al mismo tiempo, esto supone una excusa perfecta para conocer todo tipo de iniciativas, tanto pasadas, actuales como futuras, pertenecientes a cualquier expresión del ámbito de la cultura. Un ámbito de por sí rico y heterogéneo, en el que muchas iniciativas optan “por procesos de distribución en esferas públicas menos segregadas socialmente que las del mundo del arte”[1] donde estos pequeños dispositivos suponen un rápido canal de producción, difusión y acceso a la información.

Debido a que se disuelven en los espacios de la cotidianeidad, muchas propuestas que parten desde lo cultural, lo artístico y lo social resultan difíciles de documentar, por lo que estos cuadernillos surgen con vocación de convertirse en una suerte de registro de actividades y expresiones efímeras o de periodicidad concreta; una especie de archivo en crecimiento, mutable, que muestre aquello que tuvo lugar en un espacio y tiempo concretos, más aún cuando hablamos de un campo en constante movimiento cuyos límites son difíciles de identificar.

Aquí, las pegatinas funcionan como un conjunto de elementos que por su versatilidad y carácter coleccionable expanden, en cierto modo, las limitaciones de las catalogaciones al uso, siendo posible reunir los fragmentos que componen un mapa (un relato) aún mayor.

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Referencias

[1] Claramonte, J. (2010). Arte de Contexto (p. 16). Donostia-San Sebastián: Nerea.

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