El arte en el año 2117 (3). Artículo de Rubén Díaz de Corcuera.

Bifurcación de caminos en el bosque.

En el año 2117 todo el arte realizado por las inteligencias humanas será político y tendrá consecuencias e influencia directa sobre los escasos asuntos públicos que aún animan la vida de la gente en esta época. La mayor parte de las políticas humanas habrá quedado reducida al estricto ámbito de decisión acordado con las inteligencias artificiales (dejando fuera, por ejemplo, la protección del medio ambiente, la producción y suministro de bienes, alimentos y energía). En tales circunstancias la política estará en manos de los artistas y se realizará siguiendo su dictado, expresado mediante obras de arte.

En este futuro, que pude conocer de primera mano, la opinión de los artistas será vinculante y ejecutiva. Se acudirá al arte como se acudía en tiempos de los griegos y de los hebreos antiguos a los oráculos, aquellas sagradas instituciones de adivinación, en busca de orientación y respuesta a las más variadas cuestiones.

Las obras de arte ya no serán meras ilustraciones, cromos o estampas al servicio de los poderosos. Ya no serán un retrato autocomplaciente, la imagen de las clases dominantes frente a sus posesiones y privilegios materiales y simbólicos. Tampoco serán posesiones deseables ellas mismas, objetos raros y exclusivos al alcance de unos pocos adinerados. No existirá ninguna clase de comercio en esta época y, por tanto, tampoco el arte será objeto de negocio. El poder no se manifestará, en definitiva, en el ejercicio de un férreo control sobre lo imaginario, sino que será el arte el que dominará a la política, el lugar desde donde se ejercerá un poder imaginativo, favorable a la sensualidad y, casi siempre, juguetón e inofensivo, pero verdadero.

Pondré algunos ejemplos. La decisión de borrar los antiguos caminos que surcaban desde tiempos remotos el tupido bosque junto al que se situaba la morada de mis anfitriones y de trazar rutas nuevas, fue instada directamente desde el estudio de un artista. Responsable también, y por las mismas fechas, de una decisión muy diferente, la legalización del matrimonio de hasta ocho personas. El nuevo trazado de caminos en el bosque no requirió autorización de ningún tipo, ni cibernética ni humana. Y la promulgación de la norma que daba amparo legal al matrimonio extenso, requirió únicamente de la simulación dramática de este nuevo estado civil cara al público. Representación realizada por el propio artista, con la colaboración de familia y amigos, también artistas.

A decir verdad, a principios del siglo XXII se habrá cumplido plenamente una vieja profecía del arte de vanguardia del siglo XX. Todos los seres humanos serán artistas. Al ser las inteligencias artificiales muy superiores en todos los órdenes a las inteligencias naturales, el ser humano quedará abocado al arte como último refugio. Un arte, entonces, sólo limitado por el limitado alcance de su poder político.

Naturalmente, se contará con la asistencia completamente gratuita de tecnologías tan invisibles como poderosas. Gracias a ello, será posible, por ejemplo, la completa restauración de cualquier evento documentado, artístico o no, del pasado. Actividad que constituirá una de las más populares distracciones de masas. La lógica de esta tendencia me resultó evidente desde el primer momento. El inmenso pasado resultará la única vía de expansión de la humanidad, toda vez que el futuro le habrá sido completamente arrebatado por las tecnologías de inteligencia que habrá necesitado inventar para salvarse de sí misma.

Mencionaré como curiosidad a ese respecto la siguiente anécdota: en el año 2117 tuve la oportunidad de asistir como espectador a la sensorio proyección de la primera y única presentación al público de algunas de las obras de arte político en las que tuve un papel protagonista en 2013 y 2014, unos años antes de emprender el viaje al futuro que ahora relato. He de decir que la experiencia, vicaria pero completa, de mi presencia y participación en tales obras (pertenecientes a un pasado, a la vez, próximo y remoto) no me resultó decepcionante del todo (quiero decir, a la luz de mi actual perspectiva). Salvo por la magra asistencia de público, apenas nueve personas. Es decir, yo mismo y un matrimonio de modernos, coleccionista de eventos artísticos ultraperiféricos del siglo XXI.

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