“Anarquismo doméstico. Soñé que mi piso estaba limpio”, de Anna Mezz.

A.

Una pantalla en negro y delante un suelo amplio. Suenan golpes de martinete sobre un yunque. Al rato, suceden en la pantalla y a ritmo de toná fotografías de mujeres realizando labores domésticas. El golpe de martinete se sustituye por el sonido de distintos utensilios domésticos que continúan el ritmo propuesto. Cuando suena el rodillo, Anna es iluminada y aparece en el centro de la estancia. El vídeo de detrás ha ennegrecido, el sonido no cesa. Ella empieza por presentar una serie de objetos que, en su ausencia, representa en su uso por movimientos. Los ordena por orden alfabético.

Una vez expuestas estas herramientas al público, Anna comienza a redactar con su cuerpo la secuencia alfabética de estos objetos con una clara referencia a la pieza Accumulation de Trisha Brown: A, A-B, A-B-C, A-B-C-D, A-B-C-D-E, A-B-C-D-E-F,… El cuerpo y el sonido se funden en la repetición de un mantra hipnótico que nos atrapa y nos emociona. Se suceden las manos, el brazo, los hombros, la cara, el torso, el vaivén, los dientes, la palma, las rodillas, el ojo, la caída y el grito, la lengua, las piernas, la pelvis, la boca, el flamenco, el antebrazo, otro grito, el empuje, el arco, el dedo, la nariz, el equilibrio… La U… La V… La W… La X… La Y… La Z.

 

B.

Una sola toma y la cámara no se mueve salvo para realizar un zoom out mientras Martha Rosler sostiene ante nuestros ojos un letrero con el título de la pieza: es la videoperformance Semiotics of the Kitchen. La cámara encuadra una cocina doméstica en la cual se ubica una mesa con una serie de utensilios de cocina mientras Martha está detrás enfundándose un delantal. Una vez puesto grita “¡apron!” mirando a la cámara; levanta un bol, “¡bowl!”, y gesticula un ademán de revolver algo dentro del recipiente; “¡chopper!”,  y con una cortadora golpea el fondo del bol. A cada objeto se le asigna una letra del abecedario y, a medida que vaya sacando objetos, nos iremos dando cuenta del carácter violento en su gesticulación.

La disposición objeto-cámara-espectador que nos propone Rosler, junto a su escenografía, construye una suerte de casting cuya iconografía propone a la aspirante imitar a la ama de casa perfecta. Sin embargo la artista, con mirada firme, manejará el menaje con ademanes amenazadores, atacando con su labor a la imagen de plácida y servil ama de casa. Toma los utensilios como arma y, por extensión, lo doméstico como campo de batalla.

 

C.

En la entrevista dedicada recientemente a Silvia Federici en El Salto, ella menciona que el feminismo como movimiento no empieza verdaderamente hasta después de 1969, tras la reunión en Chicago de la organización de izquierda antiimperialista Students for a Democratic Society (SDS, de la cual salieron facciones como The Weathermen). En esta reunión, cuenta Federici, las mujeres de izquierdas reclamaron hablar de los problemas de las mujeres, cosa que los hombres ningunearon provocando la escisión de éstas para crear un grupo propio. Esta infravaloración a las mujeres dentro del movimiento obrero ha sido muy común, anteponiendo al trabajo doméstico las preocupaciones por la explotación laboral de los trabajadores de fábricas, minas y campo, labores principalmente masculinas. Pese a que este tipo de trabajo, invisible y feminizado, resulta ser el medio de esclavitud más evidente en nuestra sociedad.

Sin embargo, no es posible explicar el anarquismo (entendido como el movimiento obrero más radical) sin el feminismo y viceversa. En esta labor de reconocimiento se encuentra trabajando la coreógrafa y artista plástica Anna Mezz en su proyecto Anarquismo doméstico, soñé que mi piso estaba limpio. Este trabajo es una propuesta de revuelta desde el trabajo doméstico. Cuenta ella que “el mantenimiento de la vida, el trabajo afectivo, es un trabajo invisibilizado y feminizado. Es un trabajo imprescindible para el bienestar humano, pero no tiene valor, no es susceptible de retribución, es un trabajo socialmente necesario para cada persona y, sobretodo, para el mantenimiento de todos los seres humanos”. Anna Mezz busca visibilizar la violencia económica hacia las mujeres en el espacio privado. Sin duda, lugar que sostiene la base de la explotación y clave de su abolición.

 

………………………………………….

Anna Mezz es una coreógrafa, bailarina, performer y artista plástica y visual. Es fundadora de la compañía Rebeldías mínimas Danza-Teatro. Recientemente ha sido residente en La Fundición de Bilbao con su proyecto Anarquismo Doméstico, que podremos presenciar el 23 de noviembre a las 20h. en La Fundición.

https://annamezz.tumblr.com/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s