El arte en el año 2117 (1)

Por Rubén Díaz de Corcuera.

Hola. Sé cómo será el arte en el año 2117. He estado allí y he vuelto para contarlo. Ahorraré a mis lectores el prolijo detalle técnico de los viajes en el tiempo.

Me costó muchísimo reconocer como arte el arte que se hacía en 2117. No lo reconocí hasta que no me fue señalado expresamente como arte por mis buenos amigos de esa época. Ahora, de vuelta a 2017, me pasa lo contrario, ya no puedo reconocer como arte el arte de hoy. Me temo que esta dificultad tiene un culpable: el viejo arte del siglo XX, momento a partir del cual toda obra que no fuese capaz de ampliar o modificar el concepto mismo de arte o de obra, ya no podía ser considerada una verdadera obra de arte. Las teorías sobre la actualidad permanente del arte sufrieron entonces un duro golpe. En 2117, puedo confirmarlo, la “humanidad” no sólo no ha logrado superar esta situación paradójica, sino que la necesidad de ampliar los límites del arte se ha vuelto, todavía, más acuciante.

El arte de 2117, como digo, sería absolutamente irreconocible para el público de hoy, incluso para los artistas y críticos de arte más avanzados y perspicaces. Sólo lo reconoceríamos como arte si se nos presentara en una galería o en un museo de arte contemporáneo, circunstancia que ya no se dará en ningún caso en 2117 porque en esa época ya no habrá galerías ni ferias de arte (para ser exactos, no habrá empresas de ninguna clase) y desde 2056, los museos habrán dejado de legitimar el arte contemporáneo, concentrándose exclusivamente en las labores de rescate y conservación del arte del pasado, cuyo volumen aumentó, al parecer, hasta extremos inviables en el transcurso de las cinco primeras décadas del siglo.

En 2117, como ya ocurría también en nuestra época, no todo el mundo reconoce o reconocerá como arte el verdadero arte. Sólo estarán en disposición de hacerlo unas pocas personas, con la imprescindible asistencia y consejo de algunas inteligencias artificiales súper avanzadas, que son las dominantes en la época. En 2117 habrá más arte que nunca, las obras de arte serán todas singulares, incluirán habitualmente citas cultas a innumerables obras de la historia del arte y a obras coetáneas. En 2117 las obras de arte vendrán siempre acompañadas de ingentes volúmenes de información para orientar su interpretación, pero a pesar de ello, facilitarán un goce sensual infinito.

Otra curiosidad: en el 2117 el rol de los artistas será radicalmente diferente. Durante mi breve estancia en el futuro me fue imposible encontrar a nadie que hiciera o pensara algo ni remotamente parecido a lo que puede hacer reconocible a un artista en la época actual. Si tenemos en cuenta que lo que hace reconocible a un artista en 2017, es precisamente esa misma dificultad, ese carácter escurridizo de su “trabajo”, cabe concluir que esta tendencia irá a más en el futuro. Lamento o me alegra decepcionaros a este respecto. Daré cuenta de ello próximamente. Ahora no tengo tiempo. Adelanto tan sólo que las instancias de legitimación del arte y de los artistas de 2117, serán completamente inesperadas, a decir verdad desconcertantes.

Para terminar esta primera entrega quiero contar algo acerca de los medios utilizados por los artistas de 2017. Prácticamente el único material que se utiliza o se utilizará es una especie de coloide, un sistema formado por dos o más fases de la materia (una fase gaseosa o una fase fluida o líquida, y otra fase dispersa en forma de partículas sólidas muy finas). Este coloide era capaz de adoptar cualquier forma y apariencia, de ejecutar cualquier movimiento, de adoptar cualquier consistencia, de iluminar, oler y sonar, cumpliendo hasta en los más mínimos detalles los deseos de las inteligencias, humanas o sobrehumanas, los artistas del futuro, que tienen el poder de controlar y animar dicha sustancia. La misma audiencia de las obras de arte estaba hecha a menudo, como descubrí con sorpresa en cierta ocasión, de este material. La disolución completa de lo analógico a digital, el gran proceso de virtualización del arte consumado en nuestra civilización a mediados de siglo, debió resultar, por lo que alcanzaron a ver mis ojos, oír mis oídos y oler mi nariz, infinitamente menos disruptiva que el movimiento opuesto, la ávida reocupación de lo real, la dominación cibernética de los mundos de vida, siempre materiales y corpóreos, operada desde entonces.

Seguiré informando. Paciencia.

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